



La cosa más adorable del mundo son los niños. Todos hacen gracia; a todos te los comerías; con todos te ríes; en todos encuentras algo precioso.
El problema es que luego crecen, la mayoría para bien, y otros para mal. Algunos sería mejor que se quedaran parados a los diez años y nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza.
Pero claro, cuando somos pequeños nadie sabe como vamos a salir, cual va a ser nuestro destino, si seremos personas de bien o todo lo contrario.
Muchas veces me paro a pensar cómo sería Hitler a los cinco años. O Franco. O Stalin.
También siento curiosidad por saber como sería a esa edad la Madre Teresa de Calcuta. O Einstein. O Juan Pablo II. Supongo que todos serían adorables. Sin embargo sus destinos han sido tan distintos!
Cuando vemos a nuestros gobernantes en la tele no pensamos jamás en como serían de niños. Nos parece que siempre han sido así. Pero no. También han sido niños, como todos nosotros.
Arriba se puede ver como eran de niños. Por orden, Mariano Rajoy, José María Aznar, Oriol Junqueras y Pablo Iglesias.
Al verlos tan pequeños piensas: ¿Quién podía pensar entonces donde iban a llegar? ¿Quién sabía que el destino de un país estaría en sus manos?
El futuro de un niño es algo que está por escribir. Es algo totalmente incierto. Aunque está claro que en su futuro también intervienen muchos factores. No va a tener las mismas posibilidades de triunfar en la vida el hijo de una familia humilde y analfabeta que el de una rica y culta. El factor suerte también cuenta.
Cuando tienes la desgracia de nacer en una posguerra, donde no hay más que hambre, dictadura y miseria; cuando naces en el seno de una familia humilde, cuando no tienes posibilidades ni de ir a la escuela, cuando tienes que empezar a trabajar desde niño para ayudar en casa está claro que por mucho que te guste estudiar, por mucho que te esfuerces, va a ser imposible llegar a donde han llegado esta gente. Ellos nacieron siendo niños de papá. Ellos tuvieron las oportunidades y las aprovecharon. Ellos son los que ahora quieren que todo siga igual. Que las élites, o sea ellos, sigan teniendo el privilegio de mandar sobre un pueblo aborregado y pobre.
No creo ya en nadie ni en nada, pero está claro que la única posibilidad de cambiar algo no está en manos de los tres primeros, los del blanco y negro, los de toda la vida. La esperanza de cambiarlo todo solo está en manos de alguien nuevo, alguien no podrido por los poderes fácticos, alguien que sacrifique su bienestar por el bienestar del pueblo humilde.
Está claro que hoy eso solo lo representa el que sale en color en la foto: Pablo Iglesias.







