dilluns, 25 de maig del 2015

¿Democracia esto?


Hoy, día 24 de mayo de 2015, he ido a votar para elegir el nuevo ayuntamiento.

Primera observación: Había recibido la correspondiente notificación de dónde tenía que votar. Allí constaba la dirección y la mesa: la A. Todo muy correcto. Al llegar enseguida vi la susodicha mesa A. Me puse a hacer cola hasta que me llegó el turno, y ¡oh sorpresa! No era aquella mesa. Me indicaron muy amablemente que es que había tres mesas con la letra A, y que a mí me correspondía la siguiente. Allí me puse de nuevo a hacer cola pacientemente hasta que me tocó a mí. ¡Oh sorpresa! De nuevo me dicen que aquella mesa A tampoco es.
Me armo de paciencia y hago de nuevo mi cola, hasta que por fin me toca. ¡Eureka! Esta vez sí. Como no podía ser de otra manera por la dichosa ley de Murphy era esa, la última.
Tratado muy amablemente ejerzo mi derecho al voto y me despido de la mesa dando las gracias.

Primer punto. ¿Es que no se puede poner una letra diferente a cada mesa? ¿Es que en lugar de tres mesas A no pueden poner una mesa A, otra B y otra C? ¿Las cabezas no dan para tanto?

Segunda observación: La más importante. Aparte de que ya me molestó profundamente que cuando estaba votando tenía a un “señor” con un cartelón enorme del partido socialista colgándole del cuello prácticamente encima de mí, echándome su pestilente olor a borracho y mirándome como si fuera un delincuente. ¿Es necesario tener que aguantar eso?
Pero todavía fue mucho peor lo que pude estar observando durante el largo tiempo que tuve que hacer cola en las tres mesas. El local carecía de cabina para ejercer el voto en secreto, como es preceptivo según la ley electoral. Y lo que es aún peor: lógicamente al carecer de una cabina secreta las papeletas de los diferentes partidos no podían estar en ella, que es donde le pertenece. ¿Dónde estaban? Pues en una mesa central a la vista de todo el mundo. O sea, que de voto secreto nada de nada.
Por si fuera poco en torno a la mesa pululaban los interventores de los partidos políticos igual que buitres. Concretamente había tres del partido socialista que ocupaban estratégicamente toda la mesa donde estaban las papeletas.
Yo ya iba con mi voto preparado de casa y no tuve que pasar el mal trago de tener que coger mi voto delante de tanto “buitre”, pero muchas personas tenían que coger allí la papeleta, y aquí vino lo más grave: pude observar cómo los “democráticos” interventores socialistas cogían a las personas mayores y les daban el sobre de su partido directamente. Para que “no se molestaran”.
Mi sorpresa y mi indignación iban aumentando al ver tanto pucherazo; y les comenté a otros interventores de otros partidos las irregularidades observadas, como la falta de una cabina. Me miraron como a un extraterrestre y me dijeron que ninguna ley dice nada de cabinas y que allí todo estaba correctísimo. No salía de mi asombro. Ha sido algo inaudito.

Ya sabemos que este país no es un país serio; pero todo esto que he vivido esta mañana sobrepasa el cachondeo y nos lleva a un país tercermundista y bananero.
¿Cómo es posible que haya tantas irregularidades juntas y que la gente no proteste y lo vea normal? ¿Cómo puede ser que los interventores de los partidos políticos ignoren las leyes y normas de unas elecciones? ¿Cómo puede ser que a mí me ha cogido uno y me ha dicho a quien le tenía que votar? ¿Cómo se puede tolerar que traten de engañar a los pobres viejos los interventores de los partidos como si fueran trileros?


Estaremos geográficamente en Europa, habremos entrado no sé cómo en la Unión Europea, se nos dirá que esto es un estado de derecho democrático, pero no. Esto es lo menos parecido que se pueda ver a un país europeo serio. Esto es una seudodemocracia, un país de pandereta disfrazado de país democrático y de derecho. Una vergüenza vamos.







dimarts, 19 de maig del 2015

¡Vaya políticos!



¿Es que en este país no hay gente más preparada para la política que los individuos que nos están dando el latazo cada día en los medios de comunicación? La verdad es que son penosos.

Primero tenemos a “nuestro” presidente, Mariano Rajoy.
Es como un lorito, que repite una y mil veces lo que le han enseñado. Repite hasta el cansancio siempre la misma cantinela, copiada además de Aznar. El “España va bien”.
Según él su gobierno ha terminado con la crisis y España está creciendo más que nadie en Europa. Vamos, que somos los campeones de la economía europea. Y que si votamos a otros partidos todo se irá al garete. De ahí no hay quien lo saque. Ya no se le ocurre nada más que decir. Quiere ilusionar al país, cual mago barato, con una cantinela que inventó otro presidente hace muchos años. No tiene ideas propias. Se va a estrellar.
Porque la realidad es tozuda. No dudo de que las empresas del IBEX estén mucho mejor que hace cuatro años. Tampoco dudo de que los bancos, los que han quedado, estén ganando más dinero, sobre todo por nuestro esfuerzo, de los que no tenemos un duro, saneándolos. Pero la gente normal, el 99 % de los españoles, todavía no hemos visto mejora alguna.

Luego está el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez. Increíble. Ha conseguido dejar en buen lugar a Zapatero, que ya es difícil.
Además de pocas luces al hablar de la corrupción en el PP (que mire en su casa), está tan escaso de ideas que a donde quiera que va repite la misma historia. Da igual que esté en Sevilla, en la Coruña o en Barcelona. En todas partes se le ha acercado la madre de una muchacha, Verónica, explicándole lo del contrato de su hija. Ridículo. ¡Qué nivel!

Luego están los nacionalistas (Oriol Junqueras). Este señor repite hasta la saciedad que todo lo solucionará la independencia. ¿También solucionará el nivel y la inteligencia de los políticos?

De Podemos poco que decir. Ya lo han dicho todo en las tertulias de televisión y son el globo que se deshincha. Y de Izquierda Unida solo diremos que están más huérfanos de líderes e ideas que Heidi. Son la UCD de la izquierda.

Aquí el único un poco coherente y con escasez de estupideces es Albert Ribera; y yo no comulgo con él ni con sus ideas.

Esto es muy preocupante. Cuando salimos de una larga dictadura teníamos a un Suarez, a un Felipe González, a un Carrillo o incluso a un Fraga.
Gente muy preparada. Gente que no pensaban en la reelección, pensaban en cómo arreglar el país. Eran líderes. Eran estadistas. Ahora yo solo veo segundones, trepas y vendedores de humo. Los líderes de ahora no hubieran servido en la transición ni para secretarios de un ministerio. Es imposible que esto funcione con esta gente.

Antes cada día oías cosas inteligentes y graciosas en el parlamento. Ahora llevo mucho, muchísimo tiempo sin oír nada que merezca la pena.
Bueno, la excepción fue el otro día en el Parlament, que algo me hizo reír.
Ante el ataque sistemático al catalán y a Catalunya del ministro Wert, los populares lo defendían insinuando la pobreza del lenguaje castellano en Catalunya. Hay que ser idiotas.Los niños catalanes sacaron hace poco la nota más alta de España en castellano.
Salió el señor Oriol Junqueras con su parsimonia de siempre y les dijo: “Miren, no se preocupen tanto por la salud de su idioma. En Catalunya cualquier chaval que termina la educación básica habla tres veces más idiomas que un presidente de España”.

Si señor. Un análisis rápido y gracioso de la pobreza intelectual de los dirigentes españoles.
Es vergonzoso que los últimos presidentes españoles ni entiendan el inglés.
Es vergonzoso y penoso que un gobierno semi-analfabeto quiera cargarse parte de la poca cultura que tiene este país. 
Es vergonzoso, penoso y triste que ese gobierno, que no sabe idiomas, quiera cargarse tres de los cuatro idiomas que se hablan en este país llamado España.
Es vergonzoso, penoso, triste y lamentable el nivel de los políticos españoles.






dimecres, 13 de maig del 2015

Segunda oportunidad


A menudo me pregunto por qué cuando nos hacemos mayores entramos en tantas contradicciones, cuando lo normal sería que estuviéramos de vuelta de todo.

Cuando somos jóvenes nos creemos que muchas cosas de los mayores son “chocheces” de la edad. Luego comprobamos que no. Comprobamos que aquello de lo que nos reíamos no eran cosas ridículas, patinazos propios de una mente envejecida ni tonterías de viejo.
Es muy curioso comprobar que cuando sabemos casi de todo (por la experiencia) y pasamos de la mayoría de cosas que nos ocupaban y preocupaban de jóvenes, cosas muy importantes para nosotros, en cambio le damos mucha más importancia a cosas que ya no sirven para nada.
Es muy normal que la nostalgia nos invada. Es muy normal que echemos a faltar la vitalidad, el ímpetu, la fuerza y la agilidad de la juventud. Todavía es más normal que echemos a faltar a los seres queridos que quedaron por el camino. Son normales y lógicas muchas cosas.
Sin embargo ahora me doy cuenta de que tanta experiencia, tanto saber acumulado y tanto tiempo vivido, en algunas cosas, no sirven para nada.
El mejor ejemplo de lo que digo es la típica imagen de dos abuelos que ni se aguantan de pie casándose en la residencia cuatro días antes de irse. Cuando eres joven te ríes con esas cosas; cuando tú te vas acercando a eso te das cuenta de lo importante que es el amor en estas edades. Pero ¿importante para qué? ¿Qué lógica tiene enamorarse a los 80?

Se supone que el amor es un estado transitorio de idiotez de la juventud, cuyo único fin es la perpetuación de la especie. Pues mala, muy mala suposición. Inexplicablemente cuando con más fuerza e intensidad se enamora la gente es de adolescente, que supongo que es un ensayo de lo que ha de venir; y en la tercera edad, que todavía no he podido entender para qué sirve. No tiene ni lógica ni razón de ser. Ya no se puede ni hacer el amor, o se hace con mucha dificultad. No sirve para perpetuar la especie.
Dándole muchas vueltas lo único que se me ocurre es pensar que ves como el tiempo de vida se te escurre entre los dedos, que llega el final; y quieres aprovecharlo. Pero poco vas a aprovechar ese amor.

Lo más triste es cuando llegas a esta edad y no te enamoras; pero vuelven de nuevo a tu mente  todos los fantasmas del pasado.
Ese amor de juventud que no pudo ser, esa historia que creías ya olvidada y superada vuelve a tu mente con más fuerza que cuando te ocurrió hace ya tantos años. De repente nace de nuevo en ti, y ahora con más fuerza, un sentimiento de amor, de frustración, de nostalgia y de pena por ese antiguo amor que creías ya olvidado. Y no puedes dejar de pensar cuan distinta habría sido tu vida al lado de esa persona que amaste tanto y que de nuevo vuelves a amar igual o más intensamente que entonces.
Y te preguntas por qué no le hubieras dicho esto o lo otro. Por qué no le llevaste un ramo de flores cuando aún se podía arreglar aquel malentendido. Por qué ese orgullo de juventud te impidió pedir disculpas, arrodillarte y decirle cuánto la querías.

¡Cuántas cosas se harían de otra manera si tuviéramos una segunda oportunidad!
Cientos, miles de cosas. Pero sin lugar a dudas lo más importante, lo primero que cambiaríamos, caso de tener la posibilidad, sería tratar de arreglar aquello que estropeamos con nuestra torpeza  con el gran amor de nuestra vida.

¡Lástima que no tengamos una segunda oportunidad!