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Poco a poco están quitando todo lo que de positivo consiguió la clase obrera y media. La sanidad pública, las pensiones, el acceso al trabajo, poder comprar una vivienda digna, una educación pública gratuita y de calidad, los servicios sociales, la libertad de expresión etc. etc.
Todo esto, siendo muy grave, no es lo más importante de lo que está cambiando. Si solo fuera esto tendría arreglo. Pero no lo tiene.
Y no lo tiene porque a lo que estamos asistiendo es al final de todo lo conocido. Es el final del sistema capitalista. El final del sistema económico. El final de una forma de entender el mundo. El final de una sociedad con unos valores éticos, religiosos y morales. El final de la sociedad de consumo. El final de una sociedad industrial.
Hace dos décadas y media el mundo contempló atónito el desmoronamiento del sistema comunista y la desintegración de la todopoderosa URSS. Algo que ni los escritores de ciencia ficción se hubieran atrevido a vaticinar tres años antes.
Lo que nadie vio entonces es que este desmoronamiento del comunismo desequilibraría la balanza. Una balanza que hacía equilibrios sin descompensarse desde el final de la segunda guerra mundial. Y es que todo en esta vida tiene que estar equilibrado. Es el yin y el yan. Es el blanco y el negro. Es la bondad y la maldad. Nada puede existir sin su contrario. Nada.
El día que cayó el comunismo comenzó la larga agonía del capitalismo. Ellos, los tiburones del dinero, se las prometían muy felices sabiéndose propietarios de la sartén y del mango de la sartén.
Error total. Para que se pueda celebrar un partido tiene que haber un oponente.
Hay dos detalles que denotan claramente lo que digo. Uno; se va a poner en marcha la máquina de hacer billetes euro locamente. Eso es como tapar una vía de agua con gaseosa. Dos; la cuna de nuestra civilización y de la democracia, Grecia, ha votado a un partido que nadie sabe por donde va a salir. Lo mismo se convierte en dos días en parte del establishment, que puede convertir a la cuna de la democracia en una dictadura de proporciones incalculables. Lo único que está claro es que no puede solucionar de forma alguna el callejón sin salida en el que está Grecia.
Después puede que venga a pasar lo mismo en España con Podemos. Puede que gane, y hasta con mayoría absoluta. Se escucha por la calle un run run de que Pablo Iglesias va a ser el que lo solucionará todo. No saben que esto no tiene solución.
Lo que me da pena es que los griegos, y puede que pronto los españoles, salgan de Guatemala y se metan en Guatepeor.
Syriza y Podemos pueden ganar limpiamente unas elecciones modélicas. Lo que no está tan claro es que si ganan, los demás partidos puedan concurrir a los cuatro años a unas elecciones modélicas. Ni siquiera tengo claro que haya elecciones.
Estamos de acuerdo en que lo que tenemos es muy malo. Pero la solución o la alternativa a esto que tenemos ¿cual es? ¿el comunismo? ¿en que espejo nos miramos? ¿en China, con el capitalismo más salvaje del mundo? ¿en Cuba, pasando hambre? ¿en Corea del Norte pasando más?.
Si el capitalismo está muriéndose, el comunismo se murió hace ya 25 años. ¿Qué es lo que tiene que venir ahora? No lo se. Lo que sí se es que ni capitalismo ni comunismo son la solución.












