dijous, 18 de desembre del 2014

Niños




















La cosa más adorable del mundo son los niños. Todos hacen gracia; a todos te los comerías; con todos te ríes; en todos encuentras algo precioso.

El problema es que luego crecen, la mayoría para bien, y otros para mal. Algunos sería mejor que se quedaran parados a los diez años y nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza.
Pero claro, cuando somos pequeños nadie sabe como vamos a salir, cual va a ser nuestro destino, si seremos personas de bien o todo lo contrario.

Muchas veces me paro a pensar cómo sería Hitler a los cinco años. O Franco. O Stalin.
También siento curiosidad por saber como sería a esa edad la Madre Teresa de Calcuta. O Einstein. O Juan Pablo II. Supongo que todos serían adorables. Sin embargo sus destinos han sido tan distintos!

Cuando vemos a nuestros gobernantes en la tele no pensamos jamás en como serían de niños. Nos parece que siempre han sido así. Pero no. También han sido niños, como todos nosotros.

Arriba se puede ver como eran de niños. Por orden, Mariano Rajoy, José María Aznar, Oriol Junqueras y Pablo Iglesias.
Al verlos tan pequeños piensas: ¿Quién podía pensar entonces donde iban a llegar? ¿Quién sabía que el destino de un país estaría en sus manos?
El futuro de un niño es algo que está por escribir. Es algo totalmente incierto. Aunque está claro que en su futuro también intervienen muchos factores. No va a tener las mismas posibilidades de triunfar en la vida el hijo de una familia humilde y analfabeta que el de una rica y culta. El factor suerte también cuenta.
Cuando tienes la desgracia de nacer en una posguerra, donde no hay más que hambre, dictadura y miseria; cuando naces en el seno de una familia humilde, cuando no tienes posibilidades ni de ir a la escuela, cuando tienes que empezar a trabajar desde niño para ayudar en casa está claro que por mucho que te guste estudiar, por mucho que te esfuerces, va a ser imposible llegar a donde han llegado esta gente. Ellos nacieron siendo niños de papá. Ellos tuvieron las oportunidades y las aprovecharon. Ellos son los que ahora quieren que todo siga igual. Que las élites, o sea ellos, sigan teniendo el privilegio de mandar sobre un pueblo aborregado y pobre.

No creo ya en nadie ni en nada, pero está claro que la única posibilidad de cambiar algo no está en manos de los tres primeros, los del blanco y negro, los de toda la vida. La esperanza de cambiarlo todo solo está en manos de alguien nuevo, alguien no podrido por los poderes fácticos, alguien que sacrifique su bienestar por el bienestar del pueblo humilde.

Está claro que hoy eso solo lo representa el que sale en color en la foto: Pablo Iglesias.





dijous, 4 de desembre del 2014

Estadistas




















No milito en ningún partido político, ni nunca he militado. Me he abstenido de ir a votar en muchísimas elecciones. Y cuando he votado lo he hecho a diferentes partidos, básicamente por pragmatismo, nunca por ideología. Ya sé que aquí esto es raro, pero soy así.

Esa falta de ideología y de militancia es lo que me permite mirar con cierta neutralidad los acontecimientos políticos y valorar a líderes y gobernantes por sus acciones, sus aciertos y sus errores.

Mi ya dilatada experiencia (por mis muchos años) me lleva a la conclusión de que en España (desde que tenemos libertades) hay y ha habido muchos vendedores de humo, charlatanes, ineptos y, lo que es peor, corruptos. Pero también políticos honrados, trabajadores y con buena fe.
Lo que menos hemos tenido en estos casi 40 años han sido estadistas.
Alguien definió al estadista como aquel dirigente político que no se preocupa de lo que pasará en los cuatro años de su mandato, sino por lo que pasará a bastantes años vista. Vamos, que no le preocupa su reelección, sino su país. De esos en España pocos, muy pocos.

Bajo mi humilde opinión solo han salido dos.
El primero, al que no se le hizo justicia mientras vivió, como suele ocurrir siempre, es Adolfo Suárez. Hoy seguramente yo no estaría aquí escribiendo esto sin el sacrificio y el tesón de aquel hombre. El hombre que siendo uno de los máximos exponentes del Régimen Franquista supo ver la realidad de España, se hizo el harakiri y se lo hizo al Régimen para una convivencia a largo plazo en paz entre todos los españoles. Sencillamente pensó en el país a largo plazo, no en su reelección.
Fue un hombre que vio, cuando nadie lo veía, que a Catalunya había que buscarle una solución, y sin pensárselo dos veces se trajo del exilio a un desconocido presidente de la Generalitat, Tarradellas. ¡Qué diferencia con lo que nos desgobierna ahora!
Fue un hombre que negoció y legalizó a lo que había sido el mayor enemigo de su Régimen, al Partido Comunista. Hoy parece una tontería, pero entonces fue una acción tan atrevida y valiente que hasta los locutores de la radio y la tele no se atrevían a dar la noticia por miedo.

En mi modesta opinión será la historia la que pondrá en un lugar muy alto a Adolfo Suárez.
En cambio a la mayoría de los que le sucedieron, sobre todo a los dos últimos, los pondrá a ras del suelo, porque han sido una desgracia para España. Han sido los que la han llevado a una ruina total. Una ruina de la que me temo que vamos a tardar muchos años en salir, si es que salimos.

Será difícil que se me entienda, sobre todo fuera de Catalunya, cuando diga que para mí el otro gran estadista es Artur Mas. Está claro que en este caso estadista del pueblo catalán, pero estadista igualmente.

Para la mayoría de españoles es poco menos que el diablo; pero si se mira asépticamente, sin patriotismos baratos, nos damos cuenta que para Catalunya es un gran estadista. Y si gana será un héroe.
Hay que ser algo más que estadista para tirar hacia delante con una idea que sabe que es casi imposible de conseguir. Hay que ser muy valiente para enfrentarse con el Goliat que representa Madrid. Hay que tener mucha convicción y espíritu patriótico para arriesgarse a ir a la cárcel por defender democráticamente la libertad de su pueblo. Hay que echarle cojones sabiendo que el último presidente de Catalunya que lo intentó murió fusilado.

Todo lo ha hecho hasta ahora con la mayor de las delicadezas democráticas, sin aspavientos, demostrando que por las buenas se puede llegar lejos, intentando sumar gente de todas las ideologías. Y todo ello sin perder nunca la compostura de un caballero ante Madrid.
Pero me temo que no solo va a recibir palos desde Madrid; también los va a recibir de aquí.

La escasez de estadistas también afecta a Catalunya. El líder del principal partido de la oposición,el que dice que lo principal es conseguir la independencia, le ha preocupado más ser el presidente de una Generalitat española que no ser el segundo de una Catalunya libre. ¡Qué miopía política! Eso es lo contrario de un estadista. Sacrifica a la que dice ser su patria por una poltrona.


Como le pasó a Adolfo Suárez, que fue traicionado por los suyos y olvidado por los españoles, le va a pasar a Artur Mas en Catalunya. La historia se repite. Tenemos pocos estadistas y a los pocos que tenemos los destruimos. ¿Será que no nos merecemos buenos líderes?