diumenge, 10 d’agost del 2014

La fe


Alguien me definió la fe como la creencia en algo que no se puede ver.
Pueden existir muchas clases de fe, por ejemplo la fe en la bondad del ser humano, pero voy a ceñirme únicamente a la fe espiritual o religiosa.

Hay multitud de religiones en el mundo, pero básicamente todas – excepción hecha del Budismo – creen en un Dios creador de todo el universo y de todo cuanto existe o ha existido.
Casi todas creen en la resurrección de los muertos y en un premio o castigo divino tras nuestro paso por este valle de lágrimas, según sea nuestro comportamiento terrenal.
Casi todas defienden unos valores éticos, humanos y morales de los que hoy en día estamos un tanto escasos; y es que en el mundo occidental que vivimos lo único que importa es lo material, lo tangible, el consumismo, el derroche. Muy pocos se preocupan del espíritu o de su transcendencia. Sólo importa el hoy, sólo importa el yo.

Yo no voy a defender a ninguna religión, ni siquiera a la mía (soy católico no practicante). Tampoco voy a atacarlas frontalmente. Supongo que cada una tiene su lado positivo.
Pero sí voy a criticar lo que en nombre de esas religiones (incluida la mía) el hombre ha hecho y sigue haciendo de daño a su prójimo.
No se puede en nombre de Dios quemar a nadie en una hoguera, ni se puede masacrar a todo un pueblo por sus creencias, ni se puede bombardear al contrario impunemente.
Todo eso aleja al ser humano de la fe. Todo eso convierte a esas religiones en todo lo contrario de lo que pregonan.
Pero a estas alturas de la vida estoy plenamente convencido de que todo lo que los seres humanos emprendan, por muy buena que sea la intención, terminan estropeándolo. Incluidas las religiones. Debemos llevarlo en los genes.

Me dejo muchas cosas malas en el tintero, pero todos las sabemos y las vemos cada día en las noticias.
Sólo quiero terminar con lo positivo de todas ellas, que es mucho.

Es de admirar que una legión de creyentes lo dejen todo y se vayan a tratar de aliviar en lo posible las penas, las enfermedades y el hambre de pueblos olvidados por todos. Es de quitarse el sombrero el hecho de que un señor que podría estar cómodamente en su país se marche a un pueblo donde solo hay desolación y enfermedades incurables que él mismo va a pillar seguramente. Hay que pararse a pensar que en España mismo tenemos miles y miles de personas que no pueden comer. Y cuando esta sociedad de la opulencia les cierra todas las puertas únicamente encuentran abiertas las de Cáritas; sólo ellos les dan un plato caliente.

El mundo occidental está pasando por una gravísima crisis económica, pero pocos reparan en que todavía es peor la crisis de valores en la que estamos inmersos.
No todo se arregla con dinero. Lo más valioso que el ser humano puede tener no se compra con dinero. Hay mucha gente tan sumamente pobre que solo tiene dinero.

O volvemos a unos principios éticos, morales y religiosos o esta sociedad se va al garete.
Yo no quiero una sociedad integrista, pero tampoco quiero una sociedad sin valores donde todo está permitido. En la que todo gire en torno al dios dinero.
La virtud está en el término medio, y cada día nos alejamos más de él.   
Hemos pasado de quemar vivos a los no creyentes a reírnos y mofarnos del que tiene su fe.

El colmo de esta estupidez es que a un presentador de una televisión pública le prohíban decir adiós como despedida. 
A veces podemos ser patéticos.