dissabte, 27 de febrer del 2016

Menos lobos


Lo que voy a decir sé que no es políticamente correcto; pero me da igual. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

Estoy hasta las narices  de escuchar por todas partes la misma cantinela: que si la cosa está muy mal, que si menuda crisis, que si no hay trabajo, que si no tenemos para comer…

Indudablemente hay personas que lo pasan mal, como siempre. Pero yo lo que veo a mi alrededor, y vivo en una ciudad de trabajadores, es más bien un puro derroche; y me explico.
Todos los que conozco tienen para comer de todo. Todos tienen su buen coche, algunos de alta gama. Todos van a comer a restaurantes. Casi todos van de vacaciones; muchos a destinos como el Caribe. Todos van bien vestidos; y se compran ropa nueva no porque ya esté rota o vieja, sino por ir a la moda. Etc. etc. Es decir, ahora, con crisis, vivimos muy bien.

Yo comprendo que no todos tienen ya una edad considerable, como es mi caso. Y entiendo que quién no ha conocido la España de los cuarenta, cincuenta y primeros de los sesenta no estén a gusto con la situación actual. Lo entiendo. Pero yo a los más jóvenes, a los maduros y a los mayores que tanto protestan les regalaba un año viviendo en la España de esa época.

Para los que no lo vivieron o no quieren recordarlo resumiré un poco la situación.
No había ningún tipo de libertad. Te podían moler a palos civiles y grises simplemente porque no les gustara tu cara.
El que no trabajaba sencillamente no comía. Y los que trabajaban, que eran todos, comían a medias. El sueldo te daba justo para comprar el pan, las legumbres, tocino y algún chorizo y sardinas. Poco más se podía hacer. Y los trabajos normalmente eran muchísimo más duros que en la actualidad, tanto en el campo como en la industria o la construcción. Hay que pensar que ahora casi todo se hace con máquinas y antes se hacía con la fuerza bruta.

Los que vivimos esos tiempos, como yo, no podíamos entonces ni llegar a soñar que tendríamos todos un buen coche, vacaciones, una buena pensión y todo un sinfín de comodidades como lavadora, teléfono, móvil, tele en color etc. etc. Y mucho menos libertad para ir donde se quiera, decir lo que te venga en gana o simplemente contestarle a un municipal sin que te haga nada.

Fueron tiempos en los que más de tres millones de españoles tuvieron que emigrar al extranjero a los peores trabajos si no querían morirse de hambre. Sin contar la emigración interior. Catalunya recibió en menos de diez años más de un millón de andaluces.
Ahora también emigran, pero los cualificados.

Si la cosa estuviera tan mal como solemos decir que alguien me explique como es que han venido a trabajar aquí ocho millones de extranjeros. Y no paran de llegar nuevos emigrantes.
Todos ellos viven y comen. Trabajando o trapicheando; pero tiran para adelante.
¿Cómo es que ellos encuentran trabajo y los de aquí no?
Recuerdo los buenos tiempos, esos en los que los políticos tenían que ir otros países a buscar mano de obra, esos en los que llegaron siete millones de fuera.
¿Saben ustedes que jamás se bajó de los dos millones de parados españoles en esos años de abundancia?
¿No será que ha habido, hay y habrá un tanto por ciento de españoles alérgicos al trabajo?
¿No será que a muchos les viene muy bien hablar de la crisis para justificar su vagancia?
Todos conocemos a mucha gente que viven de las ayudas, del paro o de una enfermedad ficticia sin darle un palo al agua. 
Hace poco me decía un conocido que estaba amargado, que le quedaba un mes de paro solamente y que se iba a tirar a las vías del tren. Esto me lo contaba sentado en la terraza de un bar, tomándose su aperitivo con sus buenas tapas. Y con su Audi A6 al lado, en doble fila y con el motor en marcha. 

Hay crisis, sí. Pero no tanta como se dice.

No será políticamente correcto decir todo esto, pero es la verdad; y yo no soy político ni correcto. Por eso la digo.