Lo que voy a
decir sé que no es políticamente correcto; pero me da igual. La verdad es la
verdad, la diga Agamenón o su porquero.
Estoy hasta
las narices de escuchar por todas partes
la misma cantinela: que si la cosa está muy mal, que si menuda crisis, que si
no hay trabajo, que si no tenemos para comer…
Indudablemente
hay personas que lo pasan mal, como siempre. Pero yo lo que veo a mi alrededor,
y vivo en una ciudad de trabajadores, es más bien un puro derroche; y me
explico.
Todos los
que conozco tienen para comer de todo. Todos tienen su buen coche, algunos de
alta gama. Todos van a comer a restaurantes. Casi todos van de vacaciones;
muchos a destinos como el Caribe. Todos van bien vestidos; y se compran ropa
nueva no porque ya esté rota o vieja, sino por ir a la moda. Etc. etc. Es decir, ahora,
con crisis, vivimos muy bien.
Yo comprendo
que no todos tienen ya una edad considerable, como es mi caso. Y entiendo que
quién no ha conocido la España de los cuarenta, cincuenta y primeros de los
sesenta no estén a gusto con la situación actual. Lo entiendo. Pero yo a los
más jóvenes, a los maduros y a los mayores que tanto protestan les regalaba un
año viviendo en la España de esa época.
Para los que
no lo vivieron o no quieren recordarlo resumiré un poco la situación.
No había
ningún tipo de libertad. Te podían moler a palos civiles y grises simplemente
porque no les gustara tu cara.
El que no
trabajaba sencillamente no comía. Y los que trabajaban, que eran todos, comían
a medias. El sueldo te daba justo para comprar el pan, las legumbres, tocino y
algún chorizo y sardinas. Poco más se podía hacer. Y los trabajos normalmente
eran muchísimo más duros que en la actualidad, tanto en el campo como en la
industria o la construcción. Hay que pensar que ahora casi todo se hace con
máquinas y antes se hacía con la fuerza bruta.
Los que
vivimos esos tiempos, como yo, no podíamos entonces ni llegar a soñar que
tendríamos todos un buen coche, vacaciones, una buena pensión y todo un sinfín
de comodidades como lavadora, teléfono, móvil, tele en color etc. etc. Y mucho
menos libertad para ir donde se quiera, decir lo que te venga en gana o
simplemente contestarle a un municipal sin que te haga nada.
Fueron
tiempos en los que más de tres millones de españoles tuvieron que emigrar al
extranjero a los peores trabajos si no querían morirse de hambre. Sin contar la
emigración interior. Catalunya recibió en menos de diez años más de un millón
de andaluces.
Ahora
también emigran, pero los cualificados.
Si la cosa
estuviera tan mal como solemos decir que alguien me explique como es que han
venido a trabajar aquí ocho millones de extranjeros. Y no paran de llegar
nuevos emigrantes.
Todos ellos
viven y comen. Trabajando o trapicheando; pero tiran para adelante.
¿Cómo es que
ellos encuentran trabajo y los de aquí no?
Recuerdo los
buenos tiempos, esos en los que los políticos tenían que ir otros países a
buscar mano de obra, esos en los que llegaron siete millones de fuera.
¿Saben
ustedes que jamás se bajó de los dos millones de parados españoles en esos años
de abundancia?
¿No será que
ha habido, hay y habrá un tanto por ciento de españoles alérgicos al trabajo?
¿No será que
a muchos les viene muy bien hablar de la crisis para justificar su vagancia?
Todos
conocemos a mucha gente que viven de las ayudas, del paro o de una enfermedad
ficticia sin darle un palo al agua.
Hace poco me decía un conocido que estaba amargado, que le quedaba un mes de paro solamente y que se iba a tirar a las vías del tren. Esto me lo contaba sentado en la terraza de un bar, tomándose su aperitivo con sus buenas tapas. Y con su Audi A6 al lado, en doble fila y con el motor en marcha.
Hay crisis, sí.
Pero no tanta como se dice.
No será
políticamente correcto decir todo esto, pero es la verdad; y yo no soy político
ni correcto. Por eso la digo.
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