¿Qué es la vida?
Parece una pregunta muy simple, pero no lo es. Para una
mente racional sería lo contrario a la muerte. Pero entonces surge la pregunta
siguiente: ¿Qué es la muerte?
Si difícil es contestar a la primera pregunta, más difícil
es contestar a la segunda.
Si miramos a nuestro alrededor, sobre todo si observamos la
naturaleza, nos damos cuenta de la aparente simplicidad del proceso. Desde la
más humilde hierba, pasando por el árbol más grande y terminando con cualquier
animal conocido la pauta es siempre la misma: nacen, crecen, se multiplican,
envejecen y mueren. Eso es lo que llamamos vida.
El ser humano forma parte de ese proceso como un eslabón más
de la misma cadena. Nada nos diferencia aparentemente del resto de los seres
vivos en esa sucesión continua.
Pero es solo aparentemente. Dejando a un lado el mundo
vegetal, ningún animal ha evolucionado, que se sepa, hasta el punto de tener
pensamientos abstractos, raciocinio, y sobre todo, plantearse su
transcendencia. Solo el hombre.
Si somos unos bichitos más de este insignificante planeta y
nuestra misión es la misma que todos los demás bichitos ¿por qué nuestro
cerebro ha evolucionado hasta el extremo que lo ha hecho? ¿Para qué tenemos la
capacidad de necesitar una respuesta a lo que posiblemente no la tenga? ¿Por
qué desde nuestros orígenes hemos necesitado tener una creencia en el más allá?
¿Por qué todas las culturas de la tierra han tenido y tienen una religión?
Si seguimos observando la naturaleza nos daremos cuenta que
todos los seres han evolucionado y se han adaptado al medio en el que viven con
un solo propósito: sobrevivir y continuar la especie. Únicamente se mueven por
instinto, tratando de salvarse ante un
peligro pero sin hacerse preguntas sobre la muerte ni sobre el porqué de su existencia.
Nosotros en cambio siempre nos estamos haciendo preguntas.
¿A qué hemos venido aquí? ¿Cuál es nuestra misión en la vida? ¿Se acaba todo
con la muerte?
Si analizamos fríamente todo esto, la lógica nos dice que
si; que somos exactamente igual que los demás seres vivos y que todo acaba con
la muerte.
Pero esa misma lógica me lleva a pensar que el ser humano ha
venido a este mundo a algo más que a nacer, crecer, reproducirse, envejecer y
morir. No creo tampoco que la evolución nos haya moldeado para ensuciar,
envenenar y destruir el planeta. ¿No solemos decir que la naturaleza es sabia?
Pues entonces será por algo que estamos aquí. Algún propósito tendrá nuestra
existencia. Para algo habremos evolucionado y tendremos el maravilloso cerebro
que tenemos.
Yo, lógicamente, no tengo las respuestas. Ojala las tuviera.
Pero sí creo que hay un ser supremo que las tiene. Él tiene todas las
respuestas. A la vida y a la muerte.




