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| España desde 1833 hasta 1978 |
No sé si será una impresión mía, pero casi siempre que se
intenta cambiar algo se consigue el efecto contrario.
La globalización no ha traído ni mucho menos la unión y
hermandad entre todos los pueblos; antes
al contrario, lo que ha conseguido es una crisis de proporciones incalculables
en todo occidente. Una crisis que nadie sabe como salir de ella, y eso casi
siempre ha sido el preludio de una guerra. La teoría de que cuando un edificio
está muy mal lo mejor es tirarlo todo abajo y luego empezar de cero.
Tampoco ha traído bienestar a los países pobres; la gente de
estos países por desgracia se sigue muriendo de hambre como antes.
Entonces ¿para qué ha servido la globalización?
El lado contrario: En España cuando llegó la democracia
pensaron que darle autonomía a las nacionalidades históricas sería la solución definitiva. Sería la forma de integrar en el estado a quién tiene una historia, una cultura y un idioma diferentes.
Luego vino el “café para todos” y se le dio autonomía a todo el mundo, incluidos los que no la querían. Se llegó incluso al ridículo de crear tres nuevas y artificiales regiones.
Luego vino el “café para todos” y se le dio autonomía a todo el mundo, incluidos los que no la querían. Se llegó incluso al ridículo de crear tres nuevas y artificiales regiones.
Después de más de treinta años de democracia, de tener
diecisiete gobiernos y otros tantos parlamentos además del central, ahora con las
autonomías se ha visto que ocurre lo siguiente:
Los que no las querían se encuentran con unos gastos que no
saben como afrontar e incluso se han planteado devolver competencias al
gobierno central.
En cambio para quiénes fueron creadas se han quedado en
papel mojado. Les recortan desde Madrid sus Estatutos votados por sus
parlamentos y por sus ciudadanos en referéndum, les retornan un veinte por
ciento menos de lo que aportan y encima son odiadas por el resto de regiones,
fomentando con ello el independentismo.
Hace unos días escuchaba la tertulia de un canal de
televisión de Madrid y se llegaron a decir barbaridades como que los catalanes
no sabían hablar el castellano, como que todos obligatoriamente teníamos que
emocionarnos con la marcha real y la bandera y que había que prohibir todos los demás himnos, banderas y autonomías.
La guinda fue cuando un “ilustre” tertuliano dijo que
había que prohibir todos los idiomas y obligar a todo el mundo a hablar sólo en
uno. Yo le haría caso y le obligaría a él a hablar sólo el euskera.
Si el resultado de la descentralización ha sido este ¿para
qué queremos las autonomías?
¿No hemos conseguido el efecto contrario al que se
pretendía?

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