divendres, 25 de desembre del 2015

El resultado



La cosa está complicada. Se reían de la situación catalana, pero es mucho más difícil ahora la española. “Nunca hay que reírse del mal del vecino, el tuyo viene de camino”.

Ahora los que se ríen son los vascos y los catalanes, porque sin ellos es casi imposible gobernar España. Y digo casi porque hay una sola posibilidad: gobernar juntos PP y PSOE. La única. Y no veo yo a Rajoy, y mucho menos a Sánchez, juntos y de la mano. Eso solo es posible en países muy cultos y civilizados, como los nórdicos. Aquí somos incapaces de ponernos de acuerdo hasta los de la misma ideología.

Estos días estoy oyendo muchas tonterías a los políticos. Desde luego no es algo nuevo, pero ahora ya es el acabose.
Pedro Sánchez dijo hace una semana que si no ganaba las elecciones sería un fracaso total e insinuó que se iría a su casa. Pues ahora dice que las ha ganado y que va a hacer un gobierno. Si Pitágoras no estaba tonto 123 diputados son más que 90.
Pablo Iglesias no se cansa de repetir que el pueblo ha votado el cambio, a la izquierda y por supuesto a él. 69 diputados. Sin comentarios.

Aquí parece que ningún político aprobó matemáticas de niño.
A mí me salen estos números: PP + Ciudadanos = 163 diputados.
PSOE + Podemos = 159 diputados.
¿Cómo quieren gobernar ninguno de los dos? Que yo sepa les faltan 13 diputados a la derecha y 17 a la izquierda.

Y ahora viene lo bueno, los demás partidos.
Supongo que todo aquel que esté informado de política sabrá que se podría situar en la derecha a DL (8), PNV (6), CC (1). Total: 15 diputados.
En la izquierda se podría situar a ERC (9), IU (2), EH-BILDU (2). Total: 13 diputados.
O sea, la izquierda tiene 172 diputados y la derecha tiene 178. Que no saquen tanto pecho Sánchez y Pablete. Callados estarían más guapos. No por repetir mil veces una mentira se va a convertir en verdad.

Y ahora viene la risa. Los posibles pactos.
Al PSOE tendría que apoyarle Podemos (con su referéndum para Catalunya); y además ERC (con su independencia total para Catalunya), IU y BILDU (todo el mundo sabe quiénes son).
Pues aun así necesitarían algún apoyo de un partido de la “derechona” para poder gobernar.
Me parto de risa solo de pensarlo.

Más risa con la derecha y sus posibles pactos.
Al PP tendría que apoyarle Ciudadanos (163), por lo tanto les faltarían 13 diputados.
La única posibilidad sería el apoyo de los de siempre: catalanes y vascos. Es decir, Convergencia y PNV. Me parto de risa.
El PNV todavía podría pactar para sacar tajada, pero Artur Mas tiene que estar frotándose las manos. De pegarle Mariano con la puerta en las narices y negarse a hablar con él a necesitarle para gobernar. ¡Qué vueltas que da la vida!
La pregunta es: ¿Qué le daría Mariano a cambio? ¿La independencia de Catalunya?

Todas estas combinaciones son imposibles. Todavía quedaría una alternativa posible: PP + Podemos. Pero eso es mucho más difícil e improbable aun. Si ocurriera yo saldría corriendo de España.

Que Dios ilumine a nuestros políticos para salir de este embrollo. Pero sobre todo que nos ilumine a todos los españoles a la hora de votar un nuevo parlamento, que me huelo que va a ser muy pronto. Si no cambia todo me temo que ahora vamos a saber lo que es una crisis de verdad.

Feliz Navidad a todo el mundo.





dijous, 10 de desembre del 2015

La soledad


No hay peor soledad que aquella que, estando rodeado de personas, tú te sientes solo.

¡Qué triste es la soledad! ¡Qué penoso resulta no tener alguien con quien compartir tus sentimientos, tus penas, tus alegrías y tus anhelos!
Y no me refiero a la soledad del eremita que ha elegido su soledad voluntariamente. Me estoy refiriendo a la peor de la soledad que existe. Aquella en la que estás rodeado de gente a todas horas, pero que nadie se fija en ti. Aquella que teniendo incluso familia y un montón de conocidos y amigos nadie te escucha cuando tienes un problema.

Hemos hecho entre todos una sociedad a la que llamamos hipócritamente del bienestar. No. No es una sociedad donde las personas se sienten bien. Es una sociedad que a lo único que le da valor es a lo material; sobre todo al dinero. Y la mayoría de la gente solo piensa en consumir. Muchas veces cosas que no necesitan para nada, cosas que inconscientemente piensan que les van a llenar ese vacío interior que sienten. Cosas que a los tres días ya les cansan y están deseando que salga un nuevo modelo para cambiárselas.
Un círculo vicioso sin fin montado por los de arriba para enriquecerse y atontarnos.

Es una sociedad que ha olvidado lo principal de la vida: lo inmaterial. Muy pocos se preocupan del que tienen a su lado, y eso lo define una frase que cuando la escuché por primera vez me puso malo. Esa frase es una coletilla muy empleada cuando le cuentas a alguien un problema. Te sueltan “es tu problema”. Se encogen de hombros y a otra cosa.
Eso sí. Esa misma persona se pasa un montón de horas frente a una pantalla tonta escuchando y preocupándose de lo que le pasa a otra gente que no conoce de nada y que viven a miles de kilómetros.
Es una sociedad en la que la gente se preocupa de las tonterías que les ocurren a los de Gran Hermano y les importa un pimiento si el vecino de enfrente tiene o no para comer.
Es una sociedad que sigue hablando y llorando a tres chicas que mataron hace muchos años y que no le preocupa si ha muerto su vecino del quinto.
Es una sociedad en la que ya ni los hijos cuando vienen a casa hablan contigo. Están siempre muy ocupados con su móvil último modelo mirando lo que ha publicado un idiota en Facebook y mandando Whatsapps a todo quisqui. Lo que le pueda explicar su padre no tiene el menor interés para ellos.

Yo conocí en mi infancia otra sociedad. Era mucho más pobre que la de ahora. La gente no teníamos casi de nada. Muchos, la mayoría, ni para comer.
Pero la gente era mucho más humana que la de hoy. Se preocupaban por los demás. Eran solidarios con sus vecinos. Ayudaban a los que tenían cerca y ni se planteaban que les pasaba a los parisinos. Los padres escuchaban a los hijos y sobre todo los hijos escuchaban y obedecían a sus padres.
En definitiva: no teníamos tantos bienes materiales, pero quizás fuéramos más ricos por dentro que ahora

Por lo menos nadie se sentía solo. Nadie sentía esa sensación tan amarga de la soledad entre la multitud.