A pesar de la edad que tengo, todavía me sorprendo a veces de la barbarie, la sinrazón y el desprecio hacia los demás de algunos ejemplares de este mal llamado genero humano.
Se supone que el hombre es el único ser racional sobre el planeta. Se supone que es el único capaz de sacrificarse por el bien de los demás. Se supone que tenemos que amarnos unos a otros.
Se supone mal.
El hombre es el único animal sobre la tierra capaz de matar a su propia especie simplemente por placer. Es el único capaz de hacer un genocidio, matando a millones de sus hermanos por la más leve diferencia racial, ideológica o religiosa.
Estos días toda persona de bien estamos sobrecogidos por la matanza de niños inocentes que estaban tranquilamente en su colegio, sin pensar por un momento en lo que se les venía encima.
Viendo esas imágenes por televisión a cualquiera se le encoge el corazón; a cualquiera le desespera con la impunidad que un malnacido puede truncar las inocentes vidas de tantos niños.
Yo no puedo entender que le pasa por la cabeza a un chaval de 20 años para cometer tan horrendo crimen. No tengo capacidad para asimilar que un joven, que lo tiene todo, cometa tal barbaridad y asesine fríamente a tantas criaturas inocentes. Si Dios existe, le va a costar mucho perdonarlo.
Pero no tenemos que ir a USA para encontrar semejante monstruo. Lo podemos encontrar entre nosotros también.
Aparte de ese individuo de Córdoba, al que hay que aplicarle la presunción de inocencia, tenemos muy reciente el caso de la "señora" de Sevilla, que iba pariendo niños tranquilamente y los metía en el congelador vivos. ¡Qué muerte más horrible! ¡Qué ser tan monstruoso!
Ningún ser vivo en la naturaleza sería capaz de perpetrar un crimen semejante. Todas las madres en el mundo animal se sacrifican por sus hijos y se quedan sin su comida para dársela a ellos.
El ser humano es increíble. Es capaz de hacer las mayores atrocidades y a la vez también es capaz de sacrificarse a cambio de nada.
No salen tanto en las noticias como estos asesinos, pero hay miles y miles de personas anónimas que sin pedir nada a cambio están ayudando a millones de necesitados de todo el mundo.
Aquí mismo, en España, hay un ejército de maravillosas personas ayudando a tantos marginados de esta injusta sociedad. Trabajan sin descanso para que puedan comer los más desfavorecidos, aquellos que ya no les queda nada. Aquellos a los que los políticos les pedían el voto pero que ahora ni se acuerdan de ellos.
La sociedad catalana ha dado un ejemplo más de solidaridad con la Marató. Cuando peor están las cosas, cuando no hay un euro, la buena gente de Catalunya ha dado más dinero que nunca para la lucha contra la peor enfermedad que hay.
Con esa buena gente, con esa masa anónima y generosa es con quien yo me quedo. Los otros, los asesinos de niños, los dejo para los telediarios.