divendres, 18 d’abril del 2014
Orquídeas
Fotos hechas por mí esta primavera.
1ª Ophrys lutea
2ª Ophrys forestieri
3ª Ophrys passionis
4ª Himantoglossum robertianum
5ª Anacamptis pyramidalis
Cliquen la foto para agrandarla.
Estamos en plena temporada de floración de las orquídeas, una de mis principales aficiones.
Todo el campo en general destaca por su colorido, producto de tanta flor compitiendo entre ellas en belleza para atraer a los insectos que tienen la función de polinizarlas.
Pero entre todas ellas destacan unas florecillas difíciles de ver por su pequeñez, su escasez y, sobre todo, por su mimetización con los insectos polinizadores. Esas florecillas son las orquideas.
Sí; en nuestro país crecen espontáneas más de 80 especies de orquídeas. No serán del tamaño ni la vistosidad de las tropicales que podemos comprar en el garden, pero no por ello dejan de ser tan atractivas ni tan hermosas ni tan especiales como esas que podemos encontrar en la tienda.
Desde niño me han cautivado las orquídeas. Son algo diferente a todo lo demás. Para mi es como si tuvieran alma, como si enamoraran.
Para una gran mayoría de personas son las grandes desconocidas de nuestros campos. Incluso hay muchos que las arrancan para llevárselas o lo que es peor: las pisotean sin contemplaciones.
Yo, cuando veo esas actitudes incivicas, me desespero. Hace 5 días encontré una planta de una especie que es tan rara que es la única que he visto en mi vida; y mi vida tiene más de sesenta años a sus espaldas.
Pues bien, ayer con mi cámara de fotos me fuí todo contento a sacarle unas maravillosas instantáneas. Sorpresa. Ya no estaba. Algún desaprensivo se la había llevado a su casa. Pero no; todavía era peor. A excasos metros la había tirado al suelo y pateado.
Desde aquí hago un llamamiento a la gente que sale a disfrutar del campo: por favor, respeten todo aquello que encuentren a su paso; no lo destrocen.
No creo que vuelva a ver nunca más en mi vida esta especie tan rara que algún impresentable arrancó para luego tirar.
Tampoco podré ver nunca más ni yo ni nadie aquella maravillosa especie que me cautivó y me hizo adicto a las orquídeas cuando tenía siete u ocho años de edad. Por desgracia hace ya muchos años que desaparecieron, como otras muchas especies. Y lo que es peor: hoy en día con toda la información que tenemos todos es cuando están desapareciendo más especies.
Por favor, vamos a respetar la naturaleza todos para que nuestros nietos puedan ver las maravillas que todavía nosotros podemos contemplar hoy.
Gracias.
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