Conocí a un tipo que tenía una novia muy guapa. Temeroso de que
lo dejara se apuntó a un gimnasio, y durante cuatro meses se machacó el cuerpo
hasta conseguir una figura atlética.
Entonces la novia lo dejó de golpe por un tío que pesaba 120
kilos.
Me contaba un amigo que su primo un día se encontró su coche
con los cristales rotos, todo rallado y un letrero pintado con spray que decía “Esto
por ponerme los cuernos con otra, cabrón”.
Lo curioso es que el primo de mi amigo tiene 30 años, es todavía
virgen y además es gay.
Hace muchos años vi una película-documental, “Este perro
mundo” se llamaba, en la que salía una tribu africana en la cual su rey-jefe tenía diez esposas, todas cautivas
y enjauladas y obligadas a comer a todas horas. Le gustaban al buen señor bien
gorditas. La más delgada pasaba de los
ciento cuarenta kg. La sorpresa venía al final, cuando se veía al jefe. Estaba
en los huesos y pesaba cuarenta y dos kg.
Un día oí que en el autobús, que iba lleno, una señora
embarazada, a punto de parto ya, pidió por favor si le cedían un asiento. Un
hombre muy joven se dirigió a ella y le dijo: “Si no te hubieras abierto de
piernas con todos no te verías así. Te jodes y vas de pie”.
Leía hace poco un comentario de un joven que estaba
discutiendo con su madre. Esta, enfadada, le dijo lo siguiente: “Tenía que
haber hecho lo que tu padre me dijo, abortar”.
Hace unos días entré a tomar un café en el bar de un chino, como
no podía ser de otra manera. El hombre, con su pésimo castellano, me comentó
algo muy contento. Lo único que entendí fue: “Tengo un clio”. Todavía estoy
dudando si aquel buen hombre me dijo que tenía un hijo o un coche.
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