dimarts, 13 de novembre del 2012

La infancia


¡Qué lejos estás infancia!  ¡Qué bonita eres infancia!

Una de las muchas cosas que me molestan es cuando oigo a alguien decir de otro: ¡es que es como un niño! De forma peyorativa. Cómo si fuera algo malo ser como un niño.
¡Qué equivocados están! Ojala todos los adultos guardáramos una buena dosis de inocencia, de candidez y de bondad heredadas de la infancia. Ojala todos los adultos tuviéramos la maldad, el orgullo, la arrogancia y la prepotencia de un niño.
Para mi es un orgullo cuando alguien cercano me dice que soy como un niño.

Se llega a decir por algunos que los niños son crueles, refiriéndose a las burlas que hacen de un gordo llamándolo eso: gordito; o del que lleva gafas, llamándole cuatro ojos.
No se dan cuenta de que eso no es crueldad. Es sinceridad pura y dura. Normalmente un niño no finge lo que no siente; no dice casi nunca lo políticamente correcto. Dice lo que piensa, no se reprime.

Los mayores por el contrario pocas veces somos sinceros y claros. Pocas veces nos atrevemos a decir realmente todo lo que pensamos. Casi siempre sopesamos lo que vamos a decir antes de hablar, no sea cosa que metamos la pata, y curiosamente la metemos con más frecuencia que un niño.

Pero lo que realmente echo de menos de la infancia es el pensar que todo el mundo es como yo, el ser optimista siempre, el olvidar rápidamente todo lo doloroso, el no preocuparme por el futuro. Pero sobre todo, lo que más echo de menos es el poder pelearte con otro y que al rato sea tu mejor amigo.
Los niños se pelean, discuten y se dicen todo lo que piensan el uno del otro y al rato son tan amigos. Nosotros los adultos no.

También echo de menos el no tener ni idea de política, ni de economía, ni de nacionalismos, ni de razas, ni de crisis. ¿Para qué queremos saber de todo eso? ¿Para sufrir?
A menudo veo en una plaza cercana a donde vivo jugar a niños nativos con niños de color, árabes, chinos, sudamericanos etc. etc. Conviven sin ningún tipo de problema. Nosotros los adultos no.

Lo que no entiendo es porqué cuando somos niños tenemos tantas ganas de hacernos adultos.
Yo ahora, que más que adulto soy viejo, me encantaría poder volver a la infancia.
No lo sabía cuando era un niño; pero eso era lo más parecido a la felicidad.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada