Había una vez un matrimonio que llevaban muchos años
casados, quizás demasiados.
El marido era el típico hombre rudo, machista, anticuado….
De esos que por desgracia todavía existen; de esos que piensan a la antigua.
Como en los tiempos de Franco.
Hacía mucho tiempo que la maltrataba. Se reía y mofaba de
ella continuamente, sobre todo de sus costumbres, de su forma de hablar, de su
cultura, de su manera mucho más civilizada de pensar.
Hubo muchas veces que le pegó y le negó el pan y la sal, obligándola incluso a hablar como él. Pero lo peor es que ella era más
trabajadora que él y siempre ganaba mucho más dinero.
De nada le servía. Él se lo quedaba todo, se lo gastaba en
cosas inútiles y lo despilfarraba alegremente.
Mientras, a ella le daba el dinero escaso para subsistir miserablemente.
A veces menos de la mitad de lo que ella aportaba al hogar, haciéndosele
imposible llegar a fin de mes.
Después de sufrir lo indecible, la situación llegó a un
punto tan crítico que a la mujer no le quedó otra salida que pedir el divorcio.
Lo hizo por las buenas, queriendo llegar a un acuerdo con su marido. Pero éste
era tan retrógrado que en lugar de dialogar con ella, lo único que hizo fue
meterle miedo, asustarla con todo tipo de amenazas. Le dijo que ni hablar, que no
había divorcio de ninguna de las maneras, y que si se ponía tonta le pegaba una
paliza que se iba a enterar. La mujer ya no se acobardó y siguió adelante con
el proceso de separación.
En estos momentos las cosas están a la espera de lo que diga
el juez; pero el marido ya ha dicho que no piensa hacerle caso, diga lo que
diga.
No quiere reconocer que si su esposa se larga, él no podrá
subsistir solo. Que todo su mundo de derroche y buena vida se habrán acabado para
siempre.
Ella al principio lo pasará mal; luego se recuperará y
vivirá dignamente con lo que gane. Él posiblemente termine arruinado y sin los
pocos amigos que ahora tiene.
Este cuento, de momento, no tiene un final feliz. Habrá que
esperar al futuro para ver cómo acaba. Ojala que bien. Ojala que no termine
como un caso más de violencia doméstica.
Se me olvidaba el nombre del marido y de su mujer: Vamos a llamarlos España y
Catalunya.
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