Ya estoy cansado de oír la palabra crisis; pero no tengo más
remedio que hacer una reflexión sobre el tema, muy a mi pesar.
Todas las cabezas pensantes, no solo de España si no de toda
Europa, nos bombardean cada día con un machacón tema: hay que apretarse el
cinturón. Y por muchos agujeros que nos lo apretemos nunca es suficiente para
ellos; siempre vuelven a darnos otra vuelta de tuerca, hasta que no quede ni
tuerca ni agujeros en el cinturón.
¿A dónde nos quieren llevar? ¿A la economía de China? ¿A la de la España de posguerra? ¿Volveremos a ser un país
subdesarrollado?
Yo no soy economista, pero no hace falta serlo para saber
que esto es la pescadilla que se muerde la cola. A más impuestos menos consumo.
A menos consumo menos trabajo. A menos trabajo más paro. A más paro menos
ingresos para el Estado. Igual a más déficit y vuelta a empezar.
Yo no entiendo cómo los políticos, los economistas, los
banqueros y demás fauna supuestamente pensante y supuestamente preparada se han
emperrado en llevarnos al precipicio a todos.
¿Es posible que no haya nadie que tenga una solución? ¿Es posible que en Europa sólo haya
políticos de tres al cuarto y no salgan
estadistas como los de antes?
¿Cuál es la solución? No lo sé. Lo que sé es que cuando en
una familia de cinco miembros que trabajan todos, dos se quedan parados y sin
ingresos la solución no es dejar de comer; la solución es que los dos parados
se pongan a trabajar.
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