| Duc |
| Lex |
Hace unos siete meses vi por casualidad una película que
me encantó y me emocionó: Una pareja de tres, en castellano; Marley & me en
inglés.
Para quién no la haya visto resumo el argumento: un matrimonio de recién casados; él le regala a ella un precioso cachorro de labrador, travieso al máximo pero adorable y con un gran corazón.
En realidad es la historia de Marley (así se llama el perro) desde que lo adoptan de pequeñito hasta el triste, muy triste final de sus días.
Lo mejor de todo es que es una historia real, que el dueño de Marley, John Grogan, plasmó en un libro al morir su querido perro. Y del libro saltó a la gran pantalla.
Cuando vi la película yo tenía mi primer perro, un precioso beagle bicolor, al que quería y adoraba. Lo curioso es que siendo dos razas diferentes en realidad se parecían como dos gotas de agua en su comportamiento. Acababa de cumplir siete años; era joven todavía y gozaba de una salud excelente.
Por eso cuando vi el penoso final de Marley, sacrificándolo, no pude evitar que dos lágrimas corrieran por mis mejillas, pensando en el día que mi perro Lex tuviera que llegar a eso.
Para quién no la haya visto resumo el argumento: un matrimonio de recién casados; él le regala a ella un precioso cachorro de labrador, travieso al máximo pero adorable y con un gran corazón.
En realidad es la historia de Marley (así se llama el perro) desde que lo adoptan de pequeñito hasta el triste, muy triste final de sus días.
Lo mejor de todo es que es una historia real, que el dueño de Marley, John Grogan, plasmó en un libro al morir su querido perro. Y del libro saltó a la gran pantalla.
Cuando vi la película yo tenía mi primer perro, un precioso beagle bicolor, al que quería y adoraba. Lo curioso es que siendo dos razas diferentes en realidad se parecían como dos gotas de agua en su comportamiento. Acababa de cumplir siete años; era joven todavía y gozaba de una salud excelente.
Por eso cuando vi el penoso final de Marley, sacrificándolo, no pude evitar que dos lágrimas corrieran por mis mejillas, pensando en el día que mi perro Lex tuviera que llegar a eso.
Quiso el destino que antes de un mes, paseando por el campo con mi perro Lex, un desalmado le diera un palo en la columna y se quedara paralítico, al romperle la médula. Después de cinco días de sufrimiento en el veterinario, haciéndole mil pruebas para ver si se podía operar, no hubo otra solución que sacrificarlo.
Sólo quien tiene un perro puede entender estos sentimientos y el dolor que se siente llegado ese momento, pero es muy duro despedirte de tu perro, que ya sabe lo que va a pasar y te mira con esos ojos que te lo dicen todo, despidiéndose de ti.
Mis hijos, al verme tan afligido por la muerte tan repentina y prematura
de Lex, no lo dudaron un momento y fueron a un criador a comprarme otro
perro. Sin saber nada estuvieron dudando entre dos razas. Al final se
decidieron por un labrador, idéntico a Marley. Le pusimos de nombre Duc y es un perro maravilloso.
¿Otra casualidad?
No puedo dejar de pensar en tantas casualidades: ver la película y que a los pocos días yo tuviera que pasar por el mismo trance. Que mis hijos escogieran el mismo perro de la película. ¿Serían casualidades? ¿Sería un aviso?
Cada vez creo menos en las casualidades y más en las señales que algo o alguien nos envía. El problema es que estamos tan sumergidos en nuestros quehaceres diarios, que muchas veces esas señales pasan desapercibidas.
No puedo dejar de pensar en tantas casualidades: ver la película y que a los pocos días yo tuviera que pasar por el mismo trance. Que mis hijos escogieran el mismo perro de la película. ¿Serían casualidades? ¿Sería un aviso?
Cada vez creo menos en las casualidades y más en las señales que algo o alguien nos envía. El problema es que estamos tan sumergidos en nuestros quehaceres diarios, que muchas veces esas señales pasan desapercibidas.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada