dimecres, 11 d’abril del 2012

Justicia


¿Quién soy? ¿A qué he venido? ¿Qué hago yo aquí?
Prácticamente todos nos hemos hecho alguna vez estas preguntas. Y la más importante de todas: ¿Cuándo me muera habrá algo? ¿Habrá merecido la pena tanto esfuerzo?

El que no se las haya hecho, mejor para él; ya es feliz. El que se las ha hecho y ha encontrado una respuesta: enhorabuena. Yo llevo toda mi vida haciéndomelas  y todavía no he encontrado la respuesta.
Debe ser que soy como Santo Tomás, ver para creer. Puede ser también que no tenga la suficiente fe. Puede ser que mi subconsciente se niegue a aceptar que todo nace, crece y muere. Pero entonces ¿para qué mi cerebro se hace estas preguntas? ¿Qué sentido tiene la fe si no hay nada?

Yo creo que todo es cuestión de justicia, o mejor dicho, de injusticia. Todos vemos como personas extraordinarias y maravillosas tienen que cargar a lo largo de su vida con una cruz insoportable, a veces de enfermedad, a veces de dolor por muchas y graves causas.
En el lado contrario, todos conocemos a personas ruines y malvadas, a las que todo parece salirles bien en la vida.
En definitiva, la vida es muy injusta. Y esa injusticia podría ser la causa de consolarnos pensando que somos inmortales y que en la otra vida tendrán un premio los buenos y un castigo los malos. Resumiendo: tendremos por fin justicia.
Ojala sea así. Si no lo es ¡menuda putada!

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