Soy de una generación en la que tuvimos que callar de niños,
de jóvenes y de no tan jóvenes. Eran los tiempos del respeto a los mayores, de
la buena educación, del callarte te dijeran lo que te dijeran y de soportar estoicamente
los abusos de los mayores.
Eran los tiempos en que cualquier persona mayor se creía con
derecho a reírse, mofarse, ridiculizar y acomplejar a cualquier niño,
adolescente o jovenzuelo que se pusiera por delante. Eran los tiempos en los
que a los padres había que tratarlos de usted. Eran los tiempos en que a ningún
hombre se le hubiera ocurrido fumar delante de su padre, como mínimo hasta
volver de la mili.
Como estamos en un país que funciona por la ley del péndulo
(nos vamos de un extremo al otro) ahora todo se ha vuelto del revés.
Antes para ser un señor respetable tenías que tener más de
cuarenta años. Ahora a partir de la cuarentena eres un viejo caduco, que no
entiendes de nada y que en ningún trabajo te quieren por que te has quedado
obsoleto.
Antes los padres tenían el derecho a moler a palos a sus
hijos si hacían una travesura y a veces sin hacerla. Ahora son los hijos los únicos
que tienen derechos; los padres no pueden ni defenderse cuando un hijo se
desmadra y les ataca.
Antes los profesores te rompían reglas pegándote y
coscorrones mil. Ahora son los alumnos los que les pegan a los profesores y
estos no pueden ni defenderse.
Yo creo que no sabemos encontrar un equilibrio. Ni tanto ni
tan calvo.
Aristóteles dijo, hace aproximadamente 2350 años, que la
virtud está en el término medio. En España no hay manera de encontrar ese término medio.
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