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Todo ser humano tiene sus luces y sus sombras. En muchos
predominan las sombras, pero afortunadamente también hay muchos que son
portadores de luz.
Hoy nos ha dejado un hombre cuya luz brilló con una
intensidad increíble en unos momentos muy duros y difíciles. Hoy nos ha dejado
para siempre un Gran Hombre. Hoy nos ha dejado Adolfo Suárez.
Pocos ejemplos se pueden encontrar en la historia de un
líder como Suárez.
Fue un presidente con la inmensa valentía para enfrentarse a
toda una casta política apoltronada y heredera de una de las peores dictaduras
conocidas, y conseguir que se hiciera el harakiri así misma. Fue un presidente
capaz de legalizar a todos los enemigos del régimen dictatorial surgido de una
lucha a muerte entre hermanos. Fue el presidente capaz de sacar a España de una
dictadura fascista y traer el periodo más largo de democracia que jamás haya
conocido este país.
Todo esto era un objetivo que parecía imposible de
conseguir; pero él lo consiguió.
Pero es que además consiguió que se hicieran amigos los
herederos de los dos bandos, que el Partido Comunista aceptara la bandera, el
escudo y el Rey, y que España entrara de nuevo de donde nunca debió salir: de
Europa y el mundo occidental.
Supongo que como humano que era tendría defectos; pero nadie
pudo demostrar nada negativo de él.
Era un padre y un marido ejemplar. Era siempre amigo leal de
sus amigos. Era una persona íntegra y honrada. De esas que, por desgracia,
escasean tanto últimamente.
La mejor prueba de su honradez es que se ha ido mucho más
pobre que cuando llegó a la presidencia del gobierno. ¡Qué diferencia con lo
que luego hemos tenido, que llegaron pobres y terminaron con palacios!
¡Cuánta falta nos hace otro presidente como Suárez! ¡Qué
limpieza necesita este país!

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