dimarts, 1 de gener del 2013

Objetivos de Año Nuevo

Sin complejos.
Comienza un nuevo año, y con él también comienza una inmensa cantidad de buenos deseos.

Aparte de los naturales deseos de paz y felicidad de estos días, el día 1 de enero siempre significa para muchos el inicio de metas trazadas, retos no conseguidos anteriormente y sueños a conseguir.
Citaré sólo algunos a modo de ejemplo: dejar de fumar, estudiar inglés, aprender a nadar y el más abundante de todos: perder esos kilos de más que hemos acumulado "sin saber cómo".

Para todos hay solución. Se adelgaza comiendo menos de lo que se quema. Se aprende a nadar con un buen profesor y venciendo el miedo al agua. Para estudiar inglés lo mejor es irse solo a vivir un año al pueblo más apartado de Inglaterra. Dejar de fumar; je... Yo dejé de fumar por un infarto en el que me salvaron por los pelos. Aconsejo echarle coj... y dejarlo mucho antes del infarto.

Claro que si no se consiguen las metas trazadas tampoco pasa nada. Lo último es sentirse culpable si se fracasa en el intento.
Decía Oscar Wilde que dejar de fumar era lo más sencillo del mundo. Decía que él dejaba el tabaco todas las noches.
Aprender inglés. No pasa nada si no sabemos ese idioma. Que aprendan ellos el castellano. De todas formas ellos y nosotros tendremos que aprender chino pronto.
Nadar. Tampoco pasa nada si no aprendemos. Yo paso de los sesenta y no se nadar; jamás me ha hecho falta.
Y por último adelgazar. Es bueno pesar más o menos lo que marca nuestra estatura y nuestra constitución física; pero hay personas que comiendo por tres son delgadas en extremo, y hay personas (entre las que me incluyo) que comiendo menos de lo necesario, están siempre con problemas de obesidad. Por experiencia sé que esas personas tenemos perdida la batalla de la delgadez.

Por lo tanto me parece loable las buenas intenciones y desde aquí animo a todo el mundo a luchar por conseguir aquello que se han propuesto.
Pero si no lo consiguen tampoco pasa nada. El mundo está lleno de fumadores y algunos yo los he conocido morir con más de noventa años.
Si no perdemos ni un kilo no pasa nada. Casi todos los gordos que he conocido han sido más felices que los flacos, y tenemos que pensar que al final y sin quererlo, todos nos quedaremos en los huesos.

Conclusión: si no existieran los gordos no existirían los flacos. Si no existieran los feos no existirían los guapos. Y sin tontos no habría listos.
Tenemos que aprender a amarnos tal y como somos; sin complejos ni sentimientos de culpabilidad.
Para respetar a los demás, primero debemos respetarnos a nosotros mismos.  

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