dimarts, 3 de desembre del 2013

Sociedad de consumo


Leí hace tiempo una cosa que me hizo pensar.
Se trataba de la contestación de un gran filósofo a una pregunta que le habían hecho sobre lo más sorprendente del genero humano. La respuesta fue la siguiente:
"Las personas que pierden la salud para juntar dinero, luego pierden el dinero para recuperar la salud, y por pensar solamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma, que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro; viven como si nunca fueran a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido".

Si señor. Esa es la vorágine en la que nos han metido a todos. Quien más quien menos tiene una hipoteca, un préstamo para el coche, etc. Todos estamos siempre pensando en cambiarnos algún bien de consumo. Puede ser el coche, el ordenador, el último móvil inteligente o la última tele con 3D.
La cuestión es que luego ni siquiera tenemos tiempo de disfrutar de nada de lo que con sacrificio nos vamos comprando, porque antes del año de habernos comprado cualquiera de estas cosas ya se han quedado obsoletas y volvemos a estar pensando en comprar el último modelo.
Y así estamos siempre deseando que pase el tiempo para poder pagar todo lo que debemos. Pero es la historia interminable.

La sociedad de consumo que hemos creado entre todos nos está devorando. No nos damos cuenta de que el coche solo sirve para transportarnos, el móvil para llamar o que nos llamen y la tele para ver las noticias (siempre deprimentes) y alguna película que casi siempre ya hemos visto.
No nos damos cuenta que no paran de sacar chorradas (casi siempre inútiles) en los coches, las teles, los móviles o lo que sea con el único fin de provocarnos para que lo cambiemos rápido y ellos a ganar dinero.

Casi todos nos pasamos toda nuestra vida laboral pensando en el día dichoso que nos jubilemos y no tengamos que madrugar ni aguantar al jefe de turno. Pensamos que vamos a hacer esos viajes que nunca hicimos, que por fin vamos a tener el tiempo libre para nuestros caprichos y que vamos a ser felices.

Nada más lejos de la realidad. Cuando te jubilan estás hecho polvo, no puedes ni tienes ganas de viajar ni de nada. Te pasas la mitad de tu tiempo de médico en médico y de hospital en hospital y, lo que es peor, encima te queda una porquería de pensión que no te llega para vivir como antes. Y si vives muchos años, al final con tu pensión no tienes ni para comer. Yo llevo siete años jubilado y estoy cobrando menos ahora que hace siete años. Como es lógico he perdido brutalmente mi poder adquisitivo.

Efectivamente, el filósofo tenía razón. La mayoría pasamos por la vida sin disfrutar del presente, solo pensando en el futuro. Y, desgraciadamente, el futuro de todos ya sabemos cual es.
No saboreamos los momentos que nos brinda cada día la vida. Momentos irrepetibles, cosas que luego cuando somos viejos nos arrepentimos de no haber disfrutado pensando solo en el después.

Los que tenemos muchos años conocimos una sociedad completamente distinta a esta. No voy a decir que fuese mejor. No lo era. Pero estoy seguro que la gente, sin tener nada, vivía mucho más el día a día, no ambicionaban más que tener para comer y esa sencillez conseguía que todos vivieran mucho más felices que ahora, que lo tenemos todo.

La ambición consiste en eso: entre más cosas tienes muchas más deseas. El ser humano es insaciable.
Y esta sociedad del consumo es muchísimo más ambiciosa, egoísta e insaciable que la pobre sociedad que yo conocí de niño.
Ahora tenemos de todo; vivimos mucho mejor que antes. Pero antes eramos más felices.






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