Lo primero que deseo es que quede bien claro que ni soy racista, ni nacionalista, ni nada por el estilo.
Creo firmemente que todos somos iguales (o deberíamos serlo) y que todos tenemos (o deberíamos tener) el derecho a emigrar a donde podamos ganarnos nuestro sustento trabajando honradamente.
También creo que cualquier emigrante en cualquier país se merece el mismo respeto que los autóctonos de ese país.
Asimismo creo que la mayoría de personas que han llegado de fuera son gente que vienen a trabajar y a mejorar su vida. Estas personas enriquecen el país que las acoge de muy diversas maneras.
Pero todas estas creencias terminan cuando hay personas que llegan de fuera a aprovecharse de nuestras leyes, a delinquir, a crear mafias, a vivir del cuento sin darle un palo al agua, a no querer integrarse y a imponernos sus costumbres o su religión.
Todos los que vivimos en zonas de alta inmigración vemos a diario casos de abusos, de incivismo, de guetos y de personas que, encima que les dan literalmente de comer, se niegan a integrarse. Y no teniendo suficiente con todo esto tienes que aguantar que te digan que este país es una mierda, que el suyo es mil veces mejor.
Yo creo que la primera regla de alguien que se va a trabajar a otro país es tratar de aprender su idioma. Y por supuesto respetar sus leyes, sus costumbres y a sus gentes. Pues eso hay muchos que se lo pasan por el arco del triunfo.
Ejemplos que me han pasado a mi: Una familia hispana que vive en un bloque a más de cincuenta metros del mio pone cada día la música tan alta que ni yo puedo oír la televisión. Como es lógico han tenido mil problemas con sus vecinos. Pero lo más curioso es que un día me dijo a mi la "señora" que los españoles éramos unos gilipollas que no nos gustaba la música. Con educación le dije que si que nos gusta la música, pero bajita para no molestar. Me contestó que no nos entendía.
Otro día iba yo tan tranquilo paseando por una calle cuando de repente oí una ventana que se habría y de golpe me cayó encima todo un cubo de agua sucia de limpiar el suelo.
Le dije cabreado que que hacía y me contestó que en su país se hacía así, que no fuera tan fino.
Pero ya lo más grave que he visto es una señora mayor que conozco que cobra poco más de 400 euros y fue a pedir comida a donde van cada día un montón de inmigrantes y salen con los carros llenos. Pues bien, los "señores" del ayuntamiento le dijeron que ella era española y no tenía derecho a comida.
Una buena mujer árabe, al ver la injusticia, le dijo que se vistiera como ella, con su cabeza cubierta con un velo y que no hablara. Le hizo caso y ahora le dan todo lo que les señala sin ningún problema.
Yo no sé si este es un país de tontos; pero está claro que muy listos no somos. Estas cosas no pasan en ningún país europeo. Yo he presenciado en Francia como un árabe tiraba una colilla al suelo y los ciudadanos franceses le obligaron a recoger la colilla y a tirarla en una papelera.
Ya el colmo de todo este guirigay es que en menos de dos años han tenido que emigrar, sobre todo a Alemania, casi dos millones de españoles. Increíble. En menos de diez años hemos pasado de recibir a más de ocho millones de extranjeros a tener que emigrar nosotros.
Supongo que lo primero que harán los emigrantes españoles de Alemania será aprender bien el alemán, adaptarse a sus costumbres y respetar todas sus normas. Y por supuesto trabajar. El día que se queden sin trabajo tengo muy claro que les dirán que España es muy grande y que se vengan a ella.
Pero claro, ellos son alemanes; no españoles.
¡Qué falta nos haría una Merkel!
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