divendres, 15 de març del 2013

Totalitarios


La historia siempre se repite. El hombre siempre vuelve a caer en los mismos errores, vuelve a tropezar con la misma piedra.
Cambian las formas, pero el fondo siempre es el mismo. El fondo es la intolerancia, la prepotencia, creerse superior, creer a los demás inferiores, tratar de dominarlos.

Los tres grandes problemas que causaron tantos millones de muertos en la segunda guerra mundial (también en España un poco antes) fueron básicamente el fascismo, el nazismo y el comunismo. Tres pensamientos totalitarios en apariencia tan distintos y realmente muy parecidos.

 Todo pensamiento totalitario se basa siempre en los mismos principios: Un amor desmedido y patológico a la patria, la existencia ficticia de un enemigo dispuesto a dañarla y al que creen siempre el culpable de todos sus males y lo peor de todo: la ausencia de dialogo con los demás. ¿Para qué van a escucharlos, si no tienen razón? Por supuesto es totalmente necesaria la existencia de un gran líder, un semi Dios siempre infalible al que hay que adorar. Se dan casos, como el de Corea del Norte, en el que han llegado a fusilar a los que no habían llorado lo suficiente la muerte del líder.
Mediante ese “razonamiento” se llega a situaciones a veces cómicas, pero casi siempre violentas y trágicas. Incluso se llega al genocidio, siempre en nombre de la patria.

Casi todos creíamos que en el mundo occidental todo eso jamás volvería a darse.
Nos equivocamos. La gente de la calle, mientras tiene trabajo y se gana la vida, no quiere complicaciones y se conforma con la alternancia en el poder del centro derecha y del centro izquierda. El problema siempre ha venido en tiempos de crisis. Cuando a la gente le falta el pan escuchan al primer salvapatrias que sale envenenándoles el cerebro.
Ahora mismo se están dando en España las condiciones idóneas para que algo muy grave suceda. Solo hace falta un "gran" líder. Nadie hace nada por dialogar, por tratar de entender al contrario. Casi todos los políticos antes moderados se están radicalizando con el tema catalán y lo único que hacen es echar más leña al fuego, cuando lo que tendrían que hacer es tratar de apagarlo y, sobre todo, mucha pedagogía, explicar las cosas como son al ciudadano y no envenenarlo sembrando el odio entre España y Catalunya. Ese puñado de votos que da el anticatalanismo va a costar muy caro.
Los políticos (muchos) no parecen darse cuenta que su actitud de odio a la que ellos consideran una parte importantísima de España (menuda incongruencia) está sentando las bases para que el día menos pensado el Tejero de turno arrase Catalunya.
Lo que parecen no entender es que si arrasan Catalunya también arrasarán España. ¿O es que con Franco no nos jodimos todos?

A mi últimamente se me polen los pelos de punta cuando escucho barbaridades a los que se denominan demócratas. Y cuando viajas por España te das cuenta que el fascismo está aflorando como las setas en otoño, que la gente no se da cuenta pero su actitud es totalmente franquista, aunque militen en lo que ellos denominan la izquierda.
También los que militaban en el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Alemania estaban convencidos que eran de izquierdas.

Señores; ser demócrata significa ser tolerante y acatar la voluntad de la mayoría expresada libremente en las urnas, aunque no nos guste. Lo contrario a eso se le puede llamar fascismo, comunismo o nazismo, como quieran.
Si España, sus políticos y sus gentes, no acatan lo que el pueblo catalán ha expresado libremente en las urnas tienen un grave problema de carencia democrática. Y eso nos lleva de nuevo al fascismo. O a algo mucho peor. A Yugoslavia. 

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