dimecres, 19 de setembre del 2012

Divorcio


 

España tiene un problema con Catalunya y con Euskadi, un problema muy gordo.

Está claro que nunca ha intentado entender a catalanes y vascos. Jamás se ha preocupado de escuchar sus deseos, sus anhelos, sus expectativas y sus problemas. Para lo único que se ha acordado de ellos toda la vida ha sido para sacarles los cuartos. A cambio de eso estas comunidades sólo han recibido incomprensión, desidia, burla de su cultura y de sus lenguas, intentos continuados de aplastar a la fuerza toda su esencia y sus idiomas, han cambiado la historia para ocultar la verdad, han ocultado todo lo que las hace diferentes y, sobre todo, han sido victimas de una gran envidia con todas sus consecuencias por ser las más ricas.

Lo peor de todo no es eso; lo peor es el sufrimiento y el problema continuado de estas comunidades, soportando estoicamente todo tipo de vejaciones.

Para que en el resto de España puedan entenderlo tendrían que ponerse en su piel. Un buen ejemplo sería pensar que cuando Francia nos invadió hace más de 200 años se hubiera quedado indefinidamente en España y que esta fuera hoy una región más del país galo. Que todos tuviéramos que hablar francés a la fuerza. Que nuestro DNI y nuestro pasaporte fueran en francés y pusiera République Française. Que nos hubieran obligado a cambiar las lápidas de nuestros cementerios en castellano por otras en francés. Que un guardia en plena calle se liara a guantazos con un pobre anciano por cometer el “delito” de hablar en castellano. Que la prensa, la radio y la televisión sólo emitieran en francés. Que de nuestro trabajo vivieran   regiones pobres de Francia tan ricamente y encima nos insultaran continuamente. Que nadie se hubiera podido llamar Francisco, Antonio o Juan, sino Françoise, Antoine o Jean. Que los españoles asesinados por Francia fueran miles y miles, simplemente por pedir hablar en castellano y libertad.

Todo eso y mil atropellos más se han hecho y algunos se siguen haciendo hoy en día en Catalunya, y yo he sido testigo de muchos y puedo dar fe de ello.
Por eso el pueblo catalán (que no los políticos) se ha tirado a la calle pidiendo una cosa muy sencilla: su libertad; la misma que pediría toda España si estuviera sometida y vilipendiada por Francia.

Si esto no se entiende en el resto de España y se toman la situación muy en serio, el problema será muy grave. Es como cuando se hace una pelota de nieve en la cima de una montaña y se echa  a rodar. O se para pronto o cada vez se hará más grande e imposible de detener.
Hace tan solo unos años los independentistas no llegaban al 40 %. Hoy pasan del 60 %, según las encuestas. Y si nos atenemos al número de personas de la manifestación independentista, a lo mejor se quedan cortas las encuestas.
Si lo extrapoláramos a toda España, el número de manifestantes pasaría de 12 millones.
¿Qué, somos demócratas y aceptamos lo que dice el pueblo? ¿O nos lo tomamos a cachondeo como si nada, pasándonos al pueblo por el arco del triunfo? ¿Nos liamos a tiros o nos divorciamos pacíficamente? 

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