No estoy pasando lo que se dice por uno de mis mejores
momentos.
A una crisis sentimental ya crónica se le une un deterioro
galopante de mi salud y la de mi pareja.
El mismo día que me dicen en el hospital que tengo un quiste
o tumor junto al riñón izquierdo recibo la noticia de que mi mejor amigo ha
muerto. Muy fuerte todo. Hay días que sería mejor quedarse en la cama o irse a Pernambuco.
Pero hasta de las peores situaciones el hombre ha de sacar
conclusiones y provecho. No todo el mundo tiene la capacidad para ello, pero yo
procuro hacerlo; unas veces lo consigo y otras no, pero por lo menos lo
intento.
Lo primero que me ha sorprendido ha sido que estaba mucho
más preocupado por mi amigo que por el diagnóstico médico, y no todos los días
te dicen que tienes un tumor.
Estaba, y sigo estando, preocupándome y pensando el triple
de tiempo en la defunción de mi amigo que en mi problema, que puede ser muy
serio.
Conclusión que saco: yo quería a mi amigo mucho más de lo
que creía, y sabía que lo quería mucho. Pero la vida es así, no te das cuenta
de lo que tienes hasta que lo pierdes.
Segunda conclusión: me he dado cuenta de que no seré mala
persona cuando pienso así. Y de que el ser humano casi nunca se conoce así
mismo. Siempre pensé que yo era más egoísta.
Tercera conclusión: no debemos obsesionarnos con nada. Este
amigo ha trabajado y luchado lo que no está escrito para hacerse una buena casa
en su pueblo; y justo cuando la ha terminado le ha llegado su fin. No ha tenido
tiempo de disfrutar de lo que tanto esfuerzo le ha costado.
Hoy he ido de nuevo al hospital y me han hecho un TAC.
Gracias a Dios me han dado buenas esperanzas. A primera vista me dicen que no
parece maligno. Hay que tener siempre esperanza y no alarmarse casi por nada.
He tenido de compañera a una mujer relativamente joven que
le han hecho la misma prueba que a mí y que estaba la pobre temblando de miedo.
Yo he tratado de animarla gastando bromas con la enfermera y con ella. Al principio
me miraba como el que ve a un extraterrestre, pero luego se ha reído y ha
comprendido que era peor preocuparse. Ojalá todo le salga bien.
Yo sigo, y seguiré mucho tiempo, preocupándome de mi
desaparecido amigo. Pero sé que ya todo es inútil, sé que ya no se puede hacer
nada por él.
Siempre va a estar en mis recuerdos y sobre todo en mi alma.
He perdido a una gran persona, pero me he dado cuenta de cuanto lo quería.
Un gran abrazo a toda su familia.
Un gran abrazo a toda su familia.
Dedicado a la memoria de Antonio, mi gran amigo de siempre y para siempre. Descansa en
paz.
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