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He conocido a muchas personas que han sido brillantes, inteligentes, amenos en su conversación o simplemente listos durante su etapa joven y madura. Casi de golpe su mente se nubla, y de aquellas personas amenas e inteligentes no queda nada. Solo una mirada perdida y triste, solo la ausencia de recuerdos (lo peor que te puede pasar cuando ya solamente vives de recuerdos).
!Qué triste es ver a alguien que te ha querido mucho mirarte y no reconocerte! !Qué penoso ver a una persona brillante con la mente en blanco!
Quizás lo peor es que la mayoría de las personas llegan a ese estado sin darse cuenta. Muchas, la mayoría, te dicen que ellos están estupendamente de la cabeza, que ojala estuvieran de las piernas como de la mente. No se dan ni cuenta que si no pueden mover las piernas el problema es de la cabeza. No se dan cuenta que te han contado la misma historia tres veces en una hora. No se dan cuenta de su situación y tachan de locos a los demás.
Yo empiezo a darme cuenta de que los primeros síntomas de deterioro mental están aflorando en mí.
Empiezo a no acordarme de los nombres, las cifras o las caras de las personas. Empiezo a tener una conversación y, de golpe, quedarme en blanco, sin recordar lo que quería decir. Empiezo a pensar que tengo los primeros síntomas de alguna de esas enfermedades con el nombre de su "descubridor" y que siempre han sido conocidas como chocheces de viejo.
Dicen que ningún loco es consciente de su locura, y que el hecho de pensar que estás loco es la mejor garantía de que no lo estás. Ojala sea cierto y estos despistes míos únicamente sean eso: despistes.
Ojala todo se deba a mi natural inclinación a la hipocondría. Ojala pueda seguir mucho tiempo escribiendo aquí tonterías; pero tonterías coherentes.

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